Un Cuento de Invierno

Estándar

Salimos en la mañana tipo 10 am, con la gran expectativa de caminar por la montaña, esa mañana Queca había chequeado el pronóstico del tiempo, algo de nievo, cosa que no nos preocupó, al contrario nos animó hacia la aventura.

Anduvimos el camino en carro por algo así como media hora, llegamos al parqueadero y nos fuimos montaña arriba. Al principio el camino estaba terroso con algo de nieve convertida en hielo a los lados, lo que me recordó la nevera de mi niñez, cuando el hielo se acumulaba en las paredes convirtiéndose en el guardián de la carne y las verduras, mi parte favorita siempre fue la tarea de descongelar la nevera y sacar el hielo en medio de más o menos 37 grados centígrados de temperatura ambiente, siempre fue un juego, un verdadero placer refrescante.

Poco a poco el camino dejó atrás la negrura de la tierra, mezclándose con el blanco puro de la nieve, nos permitió avanzar a paso firme, decididos a cumplir nuestro objetivo, la vuelta entera al parque.

“Nunca pierdas la capacidad de sorprenderte”

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En realidad el frío no era intenso, bastante soportable para un animal de tierra caliente como yo, conocí la nieve por tercera vez en mi vida, la vi por primera vez en el nevado del Ruíz, cuando era niña, luego en cumpleaños mágico número treinta y algo, fuimos al Cocuy y tuve el placer de retorcerme en el blanco inocente del hielo, pero nunca como en los cuentos navideños de invierno, para mí fue realmente mágico, poder sentir la blancura de la nieve solo ahí, sobre los árboles y las montañas esperando a ser vista por algún caminante.

Ahí es cuando mi corazón se estremece y casi siempre mis ojos se rebasan, la naturaleza nunca deja de sorprenderme y en lo simple encuentro la belleza de la vida, como en los ojos de los animales.

“Una paradoja en mi vida”

Habíamos caminado alrededor de dos horas, ahora al camino estaba completamente cubierto por la nieve, yo escogí unos tenis para el viaje, algo cómodo para caminar, pero nunca esperé nieve, por tanto mis tenis parecían más unos esquíes que unos zapatos que permitieran trepar. Concentrada en mí propio ser, sostenía una conversación interna con mis ángeles y demonios mientras escogía cada paso que daba sobre la resbalosa nieve; de repente me vi cual larga soy tendida sobre la nieve, no tuve tiempo de reaccionar, solo quedé atrapada en mi propio cuerpo tratando de ponerme de pie, atrapada sobre mi mano derecha adolorida y triste.

Sí hay algo que he amado de mi esposo, aparte de su maravilloso ser, es la capacidad que tiene para retarme y a la vez cuidarme, es como diciéndome “hágale mamita que usté puede”, ama mi soberanía y sé que se siente orgulloso de ese estilo guerrero imparable, que me hace decir “tranquilos todo está bien”, por eso cuando me levanté del suelo y escuché la propuesta de regresarnos, solo les dije frescos, denme unos minutos y seguimos.

No fue nada, me dolía la mano y la cadera, pero hubo suficiente hielo para evitar cualquier inflamación. Una vez de nuevo en el camino, llegó a mi mente el mensaje claro y concreto; esa es la historia de mi vida, caerme, limpiarme y seguir, porque pa’ lante es pa’ allá, lo fui vi retrospectivamente y sonreí al comprenderlo.

“Tu eliges que tanto te duele o te mortifica”

Poco a poco el camino se fue borrando, ahora era una llanura inmensa y pura, las huellas no existían y entonces buscamos nuestra ruta hasta llegar a la quebrada, donde no hubo paso, esto implicaba devolverse al menos dos horas de camino, desandar lo andado. Después de un pequeño debate, decidimos volver por el mismo camino, ahora con los zapatos mojados y los pies también, un poco con la cabeza baja por no poder llegar a la meta. Aveces la vida se trata de eso, de tomar decisiones sanas, de recoger los pasos y mantener la integridad de nosotros mismos.

Cuántas veces no nos ha pasado? Cuántas veces hemos elegido seguir a pesar del mal tiempo? Cuántas veces no nos hemos caído en el frío río hasta casi ahogarnos?

Comenzamos el retorno decididos, a paso firme fuimos avanzando, ahora con los pies congelados y la concentración en nivel máximo, un pie aquí, otro allá y un camino largo que va que se pierde, decía una canción argentina de mi niñez, aquí es donde el cuerpo lo pones alerta al servicio de ti mismo, pero el pensamiento como se manda solo se concentra en lo más incómodo, el dolor casi insoportable de los helados pies, hasta que ya no sientes más los pies, y te preocupas. Bueno pues este es el momento de salir del hoyo negro, decidir no mortificarse y pensar en el objetivo.

Durante los años que levo caminando en la montaña, la selva o andando en la bici, he encontrado en esos caminos la mejor forma de estar conmigo misma, venía otra vez hablando con mis demonios, los indómitos y los amigables, bien atenta en el camino para no caerme…. pero no siempre es lo que uno espera, en un abrir y cerrar de ojos estaba de nuevo en el frío suelo de la montaña, otra vez la mano, antes de que Santi llegara a mi lado, ya me había sacudido la nieve y estaba lista para seguir… ya lo había dicho, literal paradoja en mi vida. Yo creo que ante las situaciones retadoras la sabiduría interna florece, el mejor Coach está adentro de uno mismo.

Seguí solo caminando, fluyendo, ya ni me importaba volver a caerme, menos atenta y con el único objetivo de llegar al carro, me permití dispersar la atención y quedarme en cualquier parte del paisaje, dejé a mi atención por ahí en cualquier árbol, abandonada a su suerte, mientras noté que el dolor de mis pies había desaparecido, seguían mojados y en su lugar… tuve una satisfacción interna y en fondo de mi corazón una gran sonrisa se dibujó.

Uno de los aprendizajes más grandes de mi vida es darle la real importancia a las cosas, fue así como antes de una hora llegamos al carro, nos sentamos con calma, nos secamos y seguimos hacia la siguiente estación del paseo.

Creo que de eso se trata la vida de asombrarse, de guerrearla, de andar y desandar, de dejarse sorprender.

 

“Cuál es la nieve que necesitas sacudirte para vivir tu vida con plenitud? Qué será mejor levantarse o quedarse revolcándose en la nieve?”

 

 

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