21 kilómetros entre ríos y montañas…

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“Erase una vez una niña desbordando energía, saltando, corriendo, bailando”

“Erase una vez una adolescente una adolescente que utilizaba su energía para              montar en       bici, escribir, bailar o hacer cualquier cosa que no fuese correr”

“Erase una vez una mujer hecha y derecha que detestaba correr”

Crecí en un pueblo a orillas del río magdalena, un pueblo detenido en el tiempo, como Macondo. Un pueblo de tardes tranquilas y montañas majestuosas que lo protegen del viento.

Mi padre solía llevarnos a caminar por las montañas y las quebradas; quizá los mismos caminos que él de adolescente recorrió con mi abuelo. Mi padre pesaba más de 100 Kg, pero caminaba a paso firme, siempre eligiéndonos más, completamente convencido que nosotros podíamos llegar donde nos propusiéramos.

Los Domingos eran para caminar en la montaña, embarrarnos en la quebrada y desbordar toda esa energía que un adolescente guarda en su pequeña experiencia de vida. El Domingo era todo un plan, lleno de amigos, aventuras y barro.

Para mí fue una constante el hecho de detestar correr o trotar, siempre tuve una resistencia muy fuerte, y siempre elegí rechazar cualquier actividad o deporte que significara correr. No obstante he amado caminar por muchas montañas, recorrer caminos en bici y probar varios deportes acuáticos de aventura de la mano de mi ya conocido esposo.

En más de una ocasión he recorrido la montaña durante días, con o sin equipo al hombro, llegando al final, a un lugar mágico, de esos que uno siempre guarda en el corazón. Siempre he pensado que el mejor Coach está adentro de cada uno y en esas jornadas de travesía en medio de la selva, los ríos y la vegetación nativa, simplemente sucede que tienes tiempo y mente para conectarte con esa sabiduría interna. También se conecta uno con el miedo, la rabia, la frustración, la motivación o cualquier sentimiento que esté por ahí guardado por años.

Caminar en medio de la naturaleza siempre te dará el tiempo para resolver tus asuntos internos.

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Camino de Cusirí en La Sierra Nevada del Cocuy, Colombia

Comencé a “correr” sin correr, en Diciembre del 2017, luego de que mi esposo ya llevaba varias experiencias de Trail Running, me animé… me motivé y decidí participar en mi primera carrera. A mis 41 años, recorrí 24 kilometros en medio de los hermosos paisajes de la Sierra Nevada de Santa Marta y adivinen….. Me quedó gustando.

Cuando regresé a correr tuve una experiencia diferente, no menos gratificante, pero diferente. Las montañas de Calima del Darién parecían hablarme, parecían decirme cosas que yo sabía que debía escuchar, resolver y aceptar.

“Hoy regresé a la montaña, a sus caminos de piedra y sus ríos majestuosos, sus impredecibles caminos… mi piel lo supo inmediatamente, mi cuerpo reconoció su sonido.. me susurró al oído que mi corazón estaba alegre de volver allí”

                                                                                                                                    Linamo

Regresé a sentir la montaña, a correr y recorrer el camino. No regresé a competir con nadie, ni siquiera conmigo misma, regresé como siempre a explorar mis propios límites.

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Miré a mi esposo y dí mis primeros pasos. No había opción, tocó correr. íbamos todos, sin excepción, hipnotizados por el paisaje, pisando con cuidado pero con firmeza, avanzando en medio de los verdes árboles.

“Esto no es una carrera, no tienes por qué correr, no tienes que probar, ni demostrar nada, pues la vida es para disfrutarla y no para vivirla a medias” (Fragmento e Song Inside You).

Justamente porque no hay que vivirla a medias es que todo se vuelve interesante. Todos tenemos motivaciones diferentes, todos tenemos expectativas diferentes, y la mía no contemplaba ganar, lejos de eso y de competir, ya había ganado una nueva experiencia cuando decidí correr.

Y ahí estaba yo, corriendo aveces, caminando otras, concentrada en mí… No me día cuenta cuando me descontecté de todos los que me rodeaban y quedé sola conmigo misma, solo me dí cuenta de la conversación profunda que llevaba dentro.

Paso a Paso, no pares, respira y sigue caminando…. solo eso… mientras me acomodaba más con mis ángeles y demonios. Ya ni sabía donde estaba mi esposo, y por dentro sonreí de saber que nos permitíamos ser cada uno, a su ritmo, con su carga, como siempre ha sido, nos permitimos disfrutarlo cada uno a su manera.

Sencillo, solo había que terminar la cuesta y llegar al punto de hidratación. Y llegué, me motivó una resplandeciente sonrisa, ampliamente conocida, me ofreció un vaso de algún líquido hidratante y yo creí que había llegado al cielo.

Y empezó Cristo a Padecer…

Por mis profesiones y más aún por mi estilo de personalidad, me ha sido relativamente fácil conectarme con el dolor de las personas. Escuchar, comprender y y ayudar a despejar, es algo que fluye en mí, sin embargo, conectar con mi propio dolor ha sido uno de esos procesos en los que he tenido que trabajar fuertemente. Nos pasa a los seres humanos.

El dolor, es algo que nadie quiere sentir, todos los seres humanos le huímos al dolor, ya sea físico o emocional. Sin embargo, es parte del la telaraña que teje la vida. Intentar negar el dolor y separarse de él es imposible. Si hacemos una gran negación y esperamos que con ello  el dolor desaparezca, estaremos llenándonos de fantasías mentales. Por el contrario sí logramos mutar el pensamiento, comulgar con el dolor y elevar el pensamiento para restarle importancia, nada podrá detenerte para lograr tu objetivo.

Estar en el kiómetro 8,4 de 21 y sentir una puñalada en tu rodilla, cada vez que das un paso, es algo que definitivamente es imposible de ignorar. Es como un martillazo que retumba en todo el cuerpo, nada que hacer. El dolor lo invade todo, sí lo dejas, etonces la mente ya no tiene ideas, ni caminos, solo dolor a la vista.

¿Entonces? ¿Qué hacer cuando no hay más opciones?

Aceptar la dura realidad, escuchar al cuerpo, conectar con esa molestia y reconocer que un dolor por fuerte que sea, no es más fuerte que uno mismo… Así que como dice Antonio Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Seguir hacia adelante es lo único que queda, sguir cargando el peso de lo que me molesta, seguir permitiendo que me impida avanzar?. Es una elección, cada uno tiene el divino poder de elegir que lo detiene y que no.

Intuitivamente, logré restarle importancia a ese dolor, poniendo por encima el objetivo de terminar la travesía y  dejando al dolor ahí justo donde estaba, en mi rodilla, no en mi cabeza, ni en mi determinación.

Increíblemente uno logra correr con una rodilla chueca, personalmente no lo hubiera creido posible, si no es porque elegí vivirlo. Si uno concentra su energía en lo que realmente desea en ese momento, logra tantas cosas que jamás se hubiera imaginado.

“Los límites están en la mente” …”Los límites están en la mente”…”Los límites están en la mente”, venía como un mantra este pensamiento, empujándome, halándome, retándome.

Conectar con el dolor solo se trata de escuchar y auque parezca extraño, se trata de soltar en vez de agarrar. Nos agarramos a nuestros dolores de cualquier índole, los cultivamos, los vemos florecer, para luego dejarlos abandonados? No, de ninguna manera.

Nos aferramos a cada dolor con mucha fuerza, elegimos sufrir, quejarnos e imposibilitarnos. Hacemos de dolores parte de nuestra vida, como un mecanísmo efectivo de obtener ganancias externas. Cuando algo te duele, alguien te compadece.

“El dolor va a pasar, las huellas que dejó en tu vida nunca pasan”

Está científicamente comprobado que el origen de los dolores físicos, cuentan con una base emocional. Entonces cuando estás conectado con la naturaleza, respirando vida pura, ¿qué es lo que permites que te robe tu paz?. ¿Para qué darle todo un capítulo al dolor y revolcarte en sus espinas, cuando puedes seguir disfrutando del paisaje?

Ese día, como muchos otros terminé el recorrido, como ha ocurrido siempre que regreso a la montaña o a la selva. Ese día mis pies recordaron la emoción que se siente al pisar la tierra, al pasar por el río. Ese día descubrí mucho más de lo que uno cree que puede, ese día descubrí que es tan importante llegar, como disfrutar de cada paso, incluyendo los pasos difíciles.

Creo que seguiré corriendo carreras, ahora me estoy preparando para nada en especial, solo entreno por el placer de hacerlo….. Estoy aprendiendo y lo disfruto.

 

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