Ni tanta llama que queme al santo, ni tan poquita que no lo alumbre

Estándar

Una de las preocupaciones más comunes del ser humano es ser productivo, tener, tener y tener, conseguir títulos, una posición laboral y por supuesto la mejor casa, el mejor carro y la esposa o esposo más bello, inteligente y bueno.

Fuimos educados en una sociedad consumista, llenos de motivos para “salir adelante”, no fuimos educados simplemente para ser y estar llenando de amor a los que amamos y nos aman.

“Sé fuerte, produce, se autónoma y soberana, nos dijeron”

La sociedad y hasta nuestros padres en todos sus intentos por enseñarnos a no sufrir, nos educaron para ser exitosos; apuesto que a ninguna de mis lectoras le enseñaron a estar y disfrutar de su casa y sus quehaceres. No que va, rayarían las mamás en la edad de piedra y serían condenadas como las brujas machistas y desalmadas, igual que la abuela de la Cándida Eréndira.

Durante los años que llevo atendiendo mujeres e incluso en mi experiencia como esposa y ama de casa. Suelo llegar a la conclusión que muchos místicos y líderes de cambio han llegado: Si no lo disfrutas, no vale la pena. (Traducción de Ama lo que haces).

No tenemos que hacer esto o aquello, lo único que realmente tenemos y es un deber, es disfrutar lo que hacemos. Escribo esto mientra veo un partido de NBA, aún con mi delantal de Nacho Libre, después de hacer y comer la comida del sábado.

Muchas veces escuché a mi madre quejarse de “tener que cocinar”, en el fondo ella, como muchas mujeres, no se quejaba de tener que cocinar, pues cocinar siempre es y será un placer. Un arte que mi padre y ella, nos enseñaros desde chicos a mi hermano y a mí. Siempre mi casa giró alrededor de la cocina.

Mi madre se quejaba de tener que pensar, no de crear. Mi madre se quejaba de la falta de gratitud que hay detrás de servir un buen plato de comida. Por lo demás mi madre siempre ha cocinado los platillos más exquisitos.

Cuando mis pacientes se quejan, diciéndome que están aburridas de atender a su esposo e hijos, cocinarles y realizar las labores cotidianas; hay dos cosas que resalto en mi discurso. Uno: muy querida tu que los alimentas, la responsabilidad de alimentarse y nutrir el cuerpo, le corresponde a cada uno. Dos: cuando cocinas, en realidad preparas platillos que son de tu gusto? Te sientas a la mesa y disfrutas del arte de tus propias manos? Disfrutas el proceso creativo de cocinar?. En otras palabras, Te das gusto?.

Ahí reside la clave de la vida, creo yo. En darse gusto a uno mismo, en ser egoísta y compartir ese egoísmo con quienes nos rodean. Si no somos capaces de amarnos a nosotros mismos y darnos gusto, quién iba a hacerlo?.

Por lo de hacer los quehaceres siempre seré una fan seguir soltando, lo que NO significa asumir una actitud importaculista; mas bien se trata de no sufrir por todas y cada una de las cosas que no están en perfecto estado de limpieza, en el lugar adecuado y con la inclinación precisa para verse como debe verse. Se trata de dejar de ser esclavo de la casa y las cosas, se trata de permitir un poco la mugre, ya habrá tiempo para limpiarlo.

Cierto es, que hacer “oficio” todo el día es bien aburridor, cansa el cuerpo y el alma, tampoco trato de decir que hay que disfrutar la barrida, la trapeada y la lavada de la loza. No que va, eso es una profesión y pagamos para que vayan a nuestra casa y lo hagan. Mi perspectiva se enfoca más en hacer que las personas disfruten su casa, disfruten el espacio y las posibilidades que nos presenta en el día a día.

No es encerrarse en la casa y blindarse de la sociedad, es más bien hacer de ese altar sagrado un espacio en el que se pueda inventar, convertir la cocina en un laboratorio de sabores. Es simplemente buscar en lo simple el éxito, no salir corriendo detrás de una posición laboral o un ingreso económico.

La vida se trata de posibilidades, de variar, de existir. La vida se trata de vivirla, no de sufrirla. Todos los excesos en extremo son viciosos. Tanto para el ejecutivo que no tiene tiempo ni para almorzar en paz, como para la esposa que se convierte en Doña Florinda.

Qué tal si nos arriesgamos a romper la rutina? Qué tal si hoy hacemos algo diferente, algo normal que siempre hemos querido hacer?.

Estoy convencida que la vida puede tener mil colores y que como les digo a quienes buscan de mi orientación, La varita mágica cada uno la tiene adentro.

Inventa, crea, camina, habla con otras personas, lee un buen libro y por supuesto teje.

Dedicado a todas las mujeres que hacen que este mundo gire.

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