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Lo importante no es Ser sino Parecer

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Esta historia se trata de la aceptación con coraje, se trata de vernos al espejo con los ojos de la cruda verdad y aceptarnos como somos, así, sin querer cambiarnos, sin querer cambiar al mundo. Se trata de ser descaradamente francos con nosotros mismos.

Parecer que somos felices y exitosos,  aunque estemos destrozados por dentro y por fuera, es una tendencia en crecimiento. Comenzar el día con la mejor actitud y publicarlo en todas las redes sociales, se ha convertido en una forma de evitar la realidad. No es motivación para nadie, es solo una forma de evadir la responsabilidad de aceptar el presente.

Le ponemos la cara al día con la mejor sonrisa convencidos que nuestra buena energía va a contaminar a todos  y haremos de este mundo el soñado. Mentiras, si partimos del principio de parecer ser, lo que no somos. Si seguimos insistiendo en hacer público un bienestar que no sentimos y compartir un éxito que por el momento está esquivo, seguiremos jugando a engañarnos, una y otra y otra vez.

Las personas se trazan expectativas muy altas, tener el mejor empleo y ganar un salario tan alto que les permita pagar “La vida que se merecen”. Se gastan la vida corriendo detrás del dinero para pagar los mejores colegios a sus hijos, luego las mejores universidades, luego el mejor carro y así sucesivamente continúan en la carrera del consumismo.

Siento que trascendí y encontré el amor verdadero, dicen las mamás orgullosas. Como si el amor verdadero no se tratara de amarse a sí mismo primero.

Estudiar y tener doctorados, manejar el carro último modelo y ser el “gerente” de una gran multinacional, son las metas que la mayoría de los milenians persiguen. Por supuesto no tendría sentido, si no fuera porque las hacen públicas en las redes, consiguiéndo con ello más seguidores y todas las felicitaciones a su grandes logros.

Los seres humanos nos convertimos en expertos coleccionadores de trofeos, y cuando ya no podemos ganar más trofeos, la vida se vuelve vacía, llena de frustraciones y es cuando nos hacemos cargo del sufrimiento.

“Tanto va el cántaro al agua… hasta que por fin se rompe”

Vamos por la vida en una carrera contra el tiempo, persiguiendo “sueños”, cargando cargas impuestas, hasta que la cadena se revienta.

  • Qué van a decir mis parientes? 
  • Qué van a decir mis amigos?
  • Qué  me voy a decir cuando me vea en el espejo?

“Sigue, continúa, inténtalo una y otra y otra vez, sé disciplinado y al final verás tus sueños alcanzados. Si no tienes una competencia apréndela, esfuérzate. No seas como los demás”.

Otra más de las mentiras del día a día, aunque la respuesta no está es salir corriendo y mandar todo al carajo, tampoco se trata de aguantar y seguir persiguiendo el éxito, mientras el cuerpo, el alma y la mente, se deterioran a pasos agigantados. Te has preguntado qué es el éxito para ti? No crees que valdría la pena, por una vez en la vida, definirlo por ti mismo, darle tu propio significado.

La mala noticia, es que yo tampoco tengo idea de cuál sea la fórmula mágica, que carajos voy a saber yo. De lo que sí estoy muy segura es dónde buscar la respuesta, y eso solo lo sabe cada uno. Busca adentro lo que te hace feliz, empieza por sentir placer en las cosas simples y dejar de quejarte de donde estas.

Aveces, muchas veces nos obstinamos con cosas que ni siquiera son las que hubiesémos querido. Si hubiera podido elegir, decimos con un suspiro atorado en la garganta.

Si pudiste, si elegiste, solo que ahora no quieres responsabilizarte. Eligiste, probablemente instigado por otros, no por tu instinto, pero elegiste.

Ya es hora de dejar de jugar a los niños chiquitos y pedirle a papá Dios todo lo que no creemos ser capaces de conseguir. Es hora de responsabilizarnos de nuestras decisiones, sus consecuencias y de lo que somos.

Sí les hace felices pagar una vida de lujo, no vayan por ahí quejándose de tanto trabajo y diciéndole a la gente que les toca muy duro. 

Por otra parte tampoco esto es una invitación a publicar todos los males que a uno le ocurren aveces en la cotidianidad. No se trata de hacer visible en las redes sociales la propia desgracia, pues la desgracia no es más que la interpretación exagerada que le damos a un problema.

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Entonces seamos lo que somos, con fuerza y ahínco. Aceptémonos como somos, con cualidades y defectos, aceptémonos con los gordos y los flacos que tienen nuestros cuerpos y nuestras mentes.

Seamos lo que somos, no juguemos más al parecerse a lo que los demás quieren de nosotros. Rompamos de ese círculo de mostrar éxitos y una sonrisa falsa que nos carcome por dentro.

La vida es vida, para vivirla, para abrazarla, para soñar despiertos y para despertar de los sueños. Para tratar de hacer realidad esos sueños que nos mueven, no para aparentar cumplir los sueños del respetable público.

Para todos los que se levantan tratando de satisfacer al mundo.

Gracias por leerme.